miércoles, 16 de enero de 2013

Evangelio del domingo 20 de enero

Este domingo vamos a ver cómo Jesús empieza su vida pública, es decir, hacia los demás. Y empieza porque se lo pide su madre. En ésto vemos dos cosas: una, que si pedimos, recibiremos; y otra que María cuida de nosotros y que nos ofrece a Jesús para lo que nos haga falta. María empieza a mostrarse como la Intercesora predilecta, por eso la Iglesia le reza con insistencia, para que interceda por nosotros ante Dios.
Por otro lado, vemos a Jesús que participaba de los acontecimientos sociales cotidianos de su época, es cercano, está presente, no sólo espiritualmente, sino también en la amistad, en lo sencillo, en lo diario. Y creo que así debemos hacer nosotros: llevar a Jesús a lo diario, a nuestros asuntos, que esté presente.
Resulta que no tienen vino, que a menudo simboliza en la escritura el espíritu, la alegría. Jesús ofrece vino nuevo y ése es el mejor. Porque con Jesús empieza lo nuevo, llega el Vino Nuevo a esta fiesta. Porque con Jesús, lo mejor, siempre está por llegar.

Lectura del santo evangelio según san Juan (2,1-11):

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»
Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»
Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.» 
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Fano lo ve de la siguiente manera:




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